El Templo de Zeus Olímpico, conocido en griego como el Olimpieón, fue el templo más grande de Grecia y uno de los más colosales jamás construidos en el mundo antiguo: un santuario monumental erigido en honor a Zeus, rey de los dioses, en pleno corazón de Atenas. Su construcción comenzó en el siglo VI a.C. bajo el tirano Pisístrato y sus hijos, quienes lo concibieron a una escala titánica para rivalizar con los grandes templos del oriente griego. Esa ambición superó los recursos de la ciudad y, tras la caída de la tiranía, la vasta edificación quedó inconclusa durante siglos, convertida incluso en la Antigüedad en un célebre monumento al exceso. Hoy se alza a un breve paseo al sureste de la Acrópolis, entre el barrio de Plaka y el Jardín Nacional.
La historia del templo gira en torno al emperador romano Adriano. Casi 640 años después de su inicio, Adriano, un devoto filheleno, lo completó y consagró finalmente en el año 131 d.C., coronándolo con una gigantesca estatua de Zeus en oro y marfil, al viejo estilo criselefantino, y colocando junto al dios una estatua colosal de sí mismo. En su forma definitiva, el templo contaba con 104 colosales columnas corintias, cada una de unos diecisiete metros de altura, dispuestas en un vasto bosque de piedra. Hoy quince de ellas siguen en pie, unidas en su parte superior por el entablamento, mientras que una decimosexta yace rota sobre el suelo, exactamente donde cayó durante una tormenta en 1852, con sus grandes tambores dispersos como una pila de monedas gigantes.
El Olimpieón se alza en el centro de la Atenas moderna, rodeado por la ciudad pero aislado en su propio recinto arqueológico al aire libre, con la Acrópolis elevándose al noroeste y el verdor del Jardín Nacional muy cerca. Junto al sitio se encuentra el Arco de Adriano, la monumental puerta que antaño marcaba el límite entre la ciudad antigua de Teseo y la nueva ciudad de Adriano, y que se puede admirar gratis desde la calle. El recinto es abierto y en gran parte sin sombra, por lo que las franjas horarias de primera hora de la mañana o de última de la tarde resultan mucho más agradables que las del mediodía. Dado que la entrada está programada por horas, gestionamos los billetes en tu idioma y reservamos la franja que prefieras, para que puedas dedicar tu atención a las columnas en lugar de a la cola.